Time out, silla de pensar y los terribles dos…

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El piratilla llegó a esa edad tan temible que le llaman los terribles dos, aunque yo la llamaría a esta etapa desde los terribles 16 meses. Desde esa edad comienzan a buscar sus propias habilidades para poder hacer lo que ellos quieran, o volverse más independientes, viendo hasta donde pueden llegar, conocer el límite de los adultos y alcanzar su objetivo y sobretodo hacer todo lo que hacemos nosotros.

Definitivamente era agotador lidiar y pelear para que dejara de hacer berrinches.

Durante varios meses aprendió a llorar, gritar y pelear si no conseguía las cosas. Al no comprenderle su enfado era mayor y la demanda incrementaba, por lo que la negociación se volvía más complicada entre gritos, pataletas y lágrimas.

De alguna manera utilizamos la famosa silla de pensar, time out o llámenlo ustedes como quieran. Pero mi pregunta después de utilizarlo durante varios meses ¿realmente funciona excluir al niño durante algunos minutos para obtener una modificación de su conducta? Pues la verdad no lo sé. Inicialmente funcionaba, comenzamos a usar el time-out porque el piratilla tuvo una época que pegaba a diestro y siniestro, tiraba del pelo y los otros niños como es normal lloraban. Y como podrán comprender en #puebloquieto, choque de culturas, el idioma y que tu hijo se convierta en “un cabroncete” pues no resultaba el mejor de los escenarios.

Después de varios meses utilizando el famoso time out, he de confesar que tiramos la toalla. A final de cuentas creo que la mejor de las opciones es escucharlos en lugar de ponerte a su nivel y ahora sí lidiar para saber quien es el niño en la relación padres e hijos. Escuchar y anteponerse a su conducta siempre nos ha ayudado. Hay situaciones donde es difícil encontrar ese foco de luz pero cuando deja de brillar busca otro punto para enfocar tu energía. Hablar, dialogar y contener el mal humor siempre es mejor que excluir.

Ahora que el piratilla ha crecido y su madurez es mayor es capaz de extrapolarme “¡mamá no se como calmarme!” y siempre recurre a un abrazo. Imagínate si para un adulto es complicado gestionar un enfado… piensa que será para un niño! Un mundo de emociones que pasan por tu cabeza, estómago y que revolucionan tu cuerpo.

Ahora sí, te invito a que dialogues, respires y antes de actuar alinea tu cuerpo en una larga inhalación profunda. Muchas veces nos pueden sacar de quicio pero como dice el refrán “se consigue más con un kilo de miel que con un kilo de hiel.” Abraza y respirar al mismo tiempo los dos.

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